La Perinola

Como en un juego la vida da y quita. Pero la perinola es accionada por fuerzas absolutamente humanas. Pensar la realidad cotidiana es el objeto de estos apresurados apuntes críticos.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Las verdades calladas.



Las verdades calladas.
La corrección impone el silencio. Desde pequeños la docilidad se hace nos hace carne. Y callamos ante las amonestaciones injustas de los mayores. La adolescencia nos vuelve un tanto irreverentes, pero un dispositivo ortopédico nos obliga a silenciar las razones de nuestras disidencias. De adultos callamos por corrección(es) que se han multiplicado. Correcciones familiares, políticas, laborales, morales, etc.  Ajustarse a la corrección confiere respetabilidad y ciudadanía, expulsa sospechas e instala en el ser.
Pienso seriamente en una ética del estruendo, en una política de la incorrección. Me parecen los modos posibles para devolvernos la libertad engrillada en el silencio de la corrección.

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sábado, 6 de septiembre de 2014

Multitudes queer,, desinstitucionalización y epistemologías de la perversión.



Multitudes queer, desinstitucionalización y epistemologías monstruosas.
Que la universidad se llene de multitudes queer, donde queer no sólo signifique sexualidades y géneros desregulados, sino también apóstatas étnicos, raciales, sociales, culturales. Que este espacio vetusto que cobijó por siglos la mismidad aristocrática y la pureza del saber, se erija en un espacio de desaprendizajes, que reinvente el saber a partir de la vida y que exprese lo aprehendido dejando atrás las abstracciones, que derribe los muros de la intolerancia epistémica y de lugar a una experiencia cognitiva que no deje de lado la emoción, la experiencia vital, la existencia, la tristeza y la alegría. A la dureza de la universalidad abstracta opongámosle la blandura de la singularidad concreta.
Por eso hay que empuñar armas destructivas que sieguen los espacios llenos de malezas. Esas armas deben desarticular la idea de alumno, como la idea de alguien vacío a quien hay que trasvasarle siglos de verdadera sabiduría. Hay que inventar armas que puedan ser empuñadas por múltiples sabientes, ésos que son capaces de enunciar su vivencia y comprensión de la realidad desde las vísceras: en las entrañas hibernan los conocimientos arduamente adquiridos en la vida y las expectativas de lo que quieren saber para transformar una realidad que se ha mostrado inhóspita para las multitudes queer.
Hagamos de la universidad un espacio saturado de política porque toda la existencia humana es política, aún en sus dimensiones más domésticas y privadas. Salgamos de la búsqueda neoliberal de la eficiencia y la excelencia para incursionar en las prácticas del compromiso social y la solidaridad interpersonal, para involucrarnos en la transformación de una realidad ominosa, que sin embargo, la sinergia del poder la presentan como aquello que debe ser internalizado, custodiado y repetido.

Todo acceso de las multitudes queer en el ámbito universitario debe pensarse desinstitucionalizado, es decir, como una actividad marginal conquistada, como un crecimiento monstruoso y clandestino forjado desde la materialidad corporal insumisa e insurrecta e implica un desafío para dar lugar a una libertaria epistemología de la obscenidad y de la perversión,  porque solamente en el ejercicio de la resistencia seremos capaces de contrarrestar el poder de esas epistemes que se presentan púdicas y normales, y sin embargo naturalizan la infamia de la pobreza, de la injusticia, de la guerra, de la discriminación.

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lunes, 3 de marzo de 2014




PALABRAS PRONUNCIADAS POR OSCAR TOMÁS AIMAR EN LA PRESDENTACIÓN DE MI LIBRO.
Sobre El animal que calza.

Cuando jóvenes solíamos juntarnos con Abelardo y algunos otros amigos a tomar cerveza y propinarnos mutuamente, con justificada timidez, textos y poemas. Ya no recuerdo cual de las dos actividades era la excusa para la otra , pero recuerdo que los textos rezumaban un fuerte narcisismo moral. Eramos dramáticos y sacrificiales. Comparabamos nuestra interioridad con el exterior de los otros, y nos sentíamos mejores, claro. Borges nos había definido : jugábamos a ser Hamlet. Nos gustaban los atardeceres, los arrabales y la desdicha. Sin saberlo, por via de guevarismo, eramos muy cristianos. Si advertíamos que algún otro no estaba suficientemente triste, nos sentíamos ofendidos.
Un libro como el que ahora escribió Abelardo, sin recurrencias al victimismo, el sacrificio y la muerte heroica, nos habría parecido frívolo, en aquel entonces . Ahora estamos aquí para celebrar este libro que enaltece la moda, la belleza, el hedonismo. Como cambia uno; está bien que son muchos años, pero también es mucho cambio…
Pero puede pensarse, para volver a vincularnos con los jóvenes que fuimos, que la obra que ahora nos ocupa deriva de aquellas cervezas, más que de aquellas ideas.
El libro se atribuye desde el prólogo algunos defectos ; cierta incompletitud metodológica, residuos filosóficos en su costura expositiva, como dice textualmente el autor, y algunas redundancias. (Las redundancias, dice admirablemente el texto, no deben considerarse estafas autorales, sino balbuceos de adolescente que no da con la palabra adecuada.)
Yo agrego, de mi cosecha, dos defectos que lo mejoran. Uno, cierta arbitrariedad, cierta indiferencia a rendir cuentas, sin las cuales el texto no tendría la potencia anárquica que lo vitaliza.
Y otro, principal, : la inoportunidad. Cuando en la librería vemos la mesa de novedades, especialmente en el género de no ficción, no hay otra cosa que previsibilidades. Polémicas entre periodistas, lanzamiento de basura hacia uno y otro lado de la grieta, diatribas contra el glifosato o la minería a cielo abierto, textos sobre violencia de género o sobre el último caso de bullyng en la Adolfo Alsina.
El acatamiento de la agenda se vuelve oportunismo, y éste previsibilidad, la sensación es un deja vu permanente.
De este libro, en cambio , se puede decir cualquier cosa, menos que lo esperáramos. Por eso creo que, entre tanta oportunidad sospechosa de oportunismo, su imprevisibilidad, su inoportunidad, devienen en un soplo de frescura, un grata sorpresa para el potencial lector.
Lo natural del hombre, dice Abelardo, es su artificialidad. Esto, además de ser una hermosa paradoja, es indiscutible . El hombre empieza a serlo cuando su mano se arma de una herramienta, acto de sofisticación irrepetible, que lo desigualó para siempre de la naturaleza. Mas que los celulares inteligentes, más que las modernas tecnologías, aquel si que fue un acto de sofisticación.
Lo que certifica la humanidad es la artificialidad, podríamos decir con el autor. Y una de las grandes creaciones artificiales del hombre es el erotismo. Que es el resto diferencial humano respecto de la sexualidad reproductiva.
Por eso, considera el autor, el erotismo y sus soportes, la belleza, el placer, el hedonismo, la estética, la moda, merecen ser defendidos. Reivindicados , podríamos decir, por la revolución absoluta. Al contrario que los rumbos que tomó gran parte del pensamiento revolucionario, sacrificiales y suicidas, el autor intenta una puesta en valor de lo hedónico y lo placentero.
Cito textualmente: Soy consciente que hacer radicar el objetivo del obrar político en una conquista hedónica no ha sido un finalismo recurrente en la teoría y la acción revolucionarias.”
Y en otro lugar: “La conquista del placer es el reaseguro de que se transita hacia un cambio radical de la organización social , política y económica vigente.”
Pero el autor acepta que “ la conquista de la felicidad y la derrota del dolor constituyen la condición sine qua non para pensar la moda. Cuando la moda se halla al servicio mezquino e indiferente de los deseos de las minorías opulentas, significa la perpetuación de instituciones, dispositivos y prácticas conservadoras.” En cambio: “ La justicia y la libertad revolucionarias suponen también el ingreso irrestricto y universal al universo de lo frívolo. Porque es importante tener en cuenta, dice , que la renuncia a los patrones de belleza hegemónicos no siempre constituye un éxodo rebelde hacia otros territorios de subjetivación. A veces es una derrota que instaura dolorosas conductas de renunciamiento , cierro comillas. Eso es impecable.
A diferencia de las reivindicaciones básicas, podríamos decir puritanas, de las revoluciones de subsistencia, el grito de Abelardo podría ser, hubiera sido. ¡Todo el placer para los soviets! Salvadas las molestias que este slogan puede ahora provocar en un anarquista…
Es en ese convencimiento, y a esos fines , que el autor centra su mirada en el pie humano, preferentemente femenino, claro.
Es cierto que hay una carga antropológica especial en el pie. Yo mismo nunca me he sentido más humano ni más hermoso que viendo la huella de mi pie desnudo en la arena. Recuerdo haber pensado que a un observador extraterrestre le hubiera bastado la contemplación de esa marca para asegurar la existencia de vida inteligente en la tierra. A pesar de haber sido ocultado, física y conceptualmente, de haber sido interdicto y escarnecido, el pie se las arregló para seguir cargando un valor antropológico potente. Es que es muy humano, el pie humano.
Desde ese punto de partida, desde ese pie, el texto de Abelardo crece durante páginas y páginas, dejando expresa constancia de una lucha . La lucha entre el pensamiento puritano , censor y devaluador , militante irrrestricto de una sexualidad no erótica, meramente reproductiva; y en el otro campo la defensa de su belleza, de su erotismo, de su dignidad , ejercida por el pie humano. Pero el pie también es para el autor una excusa para hablar de la sociedades, de la política, de la historia, de las religiones , de la censura , de las múltiples prácticas sexuales , del anarquismo, del pensamiento de izquierda, de las revoluciones.
Yo pondría , tan solo por molestar y para no contar solo las maduras, una objeción: El libro se propone en el prólogo un espíritu tolerante . No dudo de la intención, pero cierto tremendismo en el estilo, cierta tendencia a usar expresiones muy valorativas, dificultan a veces tan loable propósito. Esquizoide, davastadora, gazmoños, mojigatos, son adjetivos que el autor aplica a órdenes de ideas que no comparte; no digo que no tenga razón, ni que la aplicación de juicios de valor sea negativa, pero hay cierto extremismo verbal que le quita tolerancia a la obra. Pero bueno, después de todo, como observó Sinome de Beauvoir , peor es dejar que las convicciones se degraden a meras opiniones…
Volvamos al texto: el autor no solo se detiene en el pie anatómico, en la frutalidad de los dedos , en la bóveda del metatarso, en la curva alusiva del arco. Se ocupa también del calzado , que es el complemento cultural del pie. Así , desde los high heels, pasando por los polémicos chopines venecianos, los zapatos con plataformas, la bota militar, el zapatón obrero, los tacos altos, las sandalias, hasta las “altas llantas “ suburbanas, de cuñó deportivo, le provocan ideas al autor.
Creo que cabe recordar que las zapatillas deportivas son un botín muy preciado por los delincuentes juveniles. En el orden de ideas de este libro, el ladrón suburbano de zapatillas sería algo asi como la vanguardia expropiadora de la revolución por el hedonismo.
Leyendo este texto nos pasa lo mismo que a Eloísa; nos encontramos con un Abelardo erótico, lujurioso, apasionado . Repetimos la gozosa sorpresa de Eloísa. A propósito, es bien posible que el romance entre aquel filósofo y su alumna haya empezado con tocamientos de pies por debajo del scriptorium en que estudiaban. Se puede imaginar algo más erótico que un roce de pies, el primer roce intencionado, en ese ámbito ascético, monacal? Así se justificaría aquel dístico que decía : “No estudiemos tan de prisa, dijo a Abelardo Eloísa”. Eloísa, sabia , no tenía apuro. Parece que la alumna era, en esa disciplina, la maestra de su maestro. Estaba disfrutando morosamente de esa construcción, ese artificio humano que es el erotismo
NO estudiemos tan de prisa; es el manifiesto del erotismo como ralentización del deseo. Ejercicio que le salió bien caro a su amante, porque el poder lo reprimió por donde entendía que debía hacerlo, privándolo de su genitalidad reproductiva. Es cierto que a ella también; en ese caso, el cuchillo y el convento cumplieron el mismo cometido.
Y ya que en el convento estamos, puede perfectamente pensarse que aquella sanción divina al pecado original no actúa contra la carga sexual del acto, sino contra su carga de artificialidad, es decir de humanidad especifica. Porque lo meramente sexual estaría previsto en el “creced y multiplicaos del Génesis. Pero el animal creado por Dios empezaba a volverse otra cosa , empezaba a artificializarse, empezaba a volverse un hombre, y el creador, que tonto no era, se la vió venir. Y nos expulsó del paraíso de lo natural.

Habrán notado que a veces he emigrado del texto que nos convoca, hacia territorios vinculados por las ideas que el autor prodiga, aunque no visitados estrictamente por él.
Es que también estamos ante un texto que hace pensar en otras cosas: en la cantante de salsa que caminaba descalza por Valparaíso , en Lenin, que dijo “los soldados rusos votaron con los pies”, en las comisarías donde les cortaban los tacos a los compadritos, en Rosa Luxemburgo, que no admitía que su militancia revolucionaria se identificara con la abnegación. Y estando presa se pintaba los labios, y adornaba con flores su calabozo…
Creo que esa facultad de abrirse camino por la imaginación y los recuerdos de cada lector, esa capacidad multiplicadora, esa aptitud del libro para hacernos pensar también en cosas que no dice, es uno de sus atractivos.
En definitiva, estamos ante un orden de ideas que desafía el disenso, que tal vez lo provoca y lo merece, que no servirá todavía para ganar elecciones, pero que tiene el mérito de ponerse a salvo de ciertas derivas negativas que han tentado al pensamiento revolucionario; el amor a la pobreza , al sacrificio,al ascetismo, el culto del verdugo y de la muerte.
Texto nada fácil ni complaciente; colisiona más de una vez con nuestros modos inerciales de pensar , y exige un permanente ajuste de paradigmas. Un texto con el que se puede disentir, pero que nunca deja de provocar, y es una puesta en evidencia de la laxitud con que cotidianamente pensamos.. .Y constituye en definitiva un libro que es para chuparse los dedos…los dedos de los pies obviamente.


El costo del libro incluido el envio internacional es de U$S  30.-



Mis palabras en la presentación del libro:

Este es el texto que preparé para leer en la presentación de mi libro EL ANIMAL QUE CALZA. EROTISMO DEL PIE Y DEL ZAPATO, a la manera de un caprichoso resumen de algunas consecuencias relevantes del libro.

Disoluciones- liviandades- rupturas-ocasos- inicios que, finalmente, precipitan de este ensayo. Son esas vaporosas conclusiones lo que configuran un alegato a favor de su escritura. Los enumeraré caóticamente porque el asunto del libro es el caos, la anarquía, la perturbación y no quiero traicionar el único mérito que un espíritu generoso es capaz de concederle tras su lectura: ser un proyecto de bellas monstruosidades.
1. Erótica baja. Erotismo del pie, descuidado e ignorado por el erotismo noble, alado, virtuoso. No hay afán alguno por hacer de la subversión el punto de apoyo del devenir histórico: apenas si se trata de constatar que la liberación real, fáctica, de los condenados sociales es el corazón de los procesos llamados revoluciones. El pie escondido se rebela en hordas concupiscentes. Por todas partes aparece el pie reclamando un lugar que cuesta admitir, pero que existe. Todavía no hemos vencido el lascivo escozor que nos invade cuando accidentalmente nuestros pies desnudos se rozan con los pies desnudos del otro. No nos pasa con las manos, ni con las mejillas. El temblor erótico nace en el pie.
2. Intelectualismo erótico. Mi libro incumple, quizás, mi propósito de la simpleza verbal para abordar los conceptos. Sin embargo creo que el libro es sencillo, casi frágil en la transparencia de las ideas que propone, porque concibo que todo escrito ensayístico tiene que aguijonear-arder súbitamente en las conciencias sin exigir al lector la recorrida erudita por las vastas bibliotecas previas que abordaron as cuestiones enunciadas. Subyace en esta idea, y particularmente en relación al tema del erotismo, que todos los seres humanos experimentan el erotismo desde su singularidad idiosincrásica, cultural. Sería imperdonable creer que no existe erotismo en la noche amatoria de los desempoderados sociales.
3. Políticas del placer. Los goces están reservados para los sectores dominantes. Un velo sacrificial y un aire opiáceo regula el placer de las masas. Cuando no hay oportunidad coyuntural para el goce, la estructura receptiva del deseo se remite a los cielos montada en la logística de la resignación.
La agenda revolucionaria debe ampliarse necesariamente e incluir la erótica como uno de los perfumados pertrechos que sostienen la lucha social.
4. Subversión ético-hedónica. Casi como un correlato de las políticas del placer, las éticas deben abrirse al hedonismo y romper las puertas del cielo, para que migren nuestras vidas hacia los burdeles infernales. El tacón es un símbolo de esa actitud subversiva. Su diseño acuna la emergencia de las malas intenciones que hacen felices a los seres humanos que desean: dislocaciones de la monotonía matrimonial, frivolización de los adustos reglamentos, carnavalización de la tristeza, insubordinación de los anatemizados.
5. Habilitaciones eróticas. Glamorosa conclusión de este libro es la habilitación de lo escondido en el ropero. El pie y el zapato no se agotan en su ontología reivindicada. Ellos asumen, también, visos simbólicos de todo lo que está escondido y reprimido. Los monstruos definidos en los libros policíacos se asoman sin vergüenzas: es hora de jugar al placer sin máscaras. Las inversiones del carnaval deben volverse normalidad. No es la suspensión por unas horas de la lógica perversa de las sociedades estamentarias: es la habitación permanente en los sitios de la alegría y el placer que no pueden quedar reservados a unos pocos privilegiados.


Desde el exterior pueden pedir el libro por este medio. El costo total del mismo con gastos de envio es de 30 dolares estadounidenses.

viernes, 10 de enero de 2014

EL TACÓN ALTO NO ES UN SIMPLE VALOR DE USO......



¿Un adminículo como el zapato de tacones altos, que no tiene otro objeto que el exaltar el empeine y la curvatura del arco del pie, dentro de qué categoría de valores debe ser incluido? Ese zapato, es, estrictamente un no zapato, es un multiplicador erótico, estético y sexual. El zapato es por antonomasia aquello que cubre, que protege, que proporciona comodidad. Evaluada esta definición, el tacón alto, el no zapato no parece en absoluto un simple valor de uso, sino que parece más bien estar destinado a los intercambios eróticos, como si se tratara de una suerte de moneda con la cual se procura obtener el más preciado de los valores de uso: el disfrute erótico. 

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miércoles, 8 de enero de 2014

EL ANIMAL QUE CALZA...UN LIBRO DONDE EL EROTISMO ES POLÍTICO.

Prólogo.

El libro que tiene entre sus manos es una audaz, aunque incompleta, colección de reflexiones en torno al erotismo y la sexualidad, cuyo punto de partida es una analítica, entre poética y filosófica, del pie y del calzado. La incompletitud de estos apuntes es, por lo menos, doble: a) porque carecen de la pretensión de relevar la totalidad de la temática (por ejemplo, sólo he pensado en el pie y en el calzado femeninos) y b) porque en ningún momento apela a un lenguaje de afirmaciones definitivas o concluyentes. Todo está dicho con énfasis y pasión, pero intentando que cada aseveración se convierta en una convocatoria a la discusión, a la crítica y -por qué no- a la refutación o al asentimiento. Quizás también pueda hablar de una incompletitud formal o metodológica, porque el libro está muy lejos de comportarse como un tratado sistemático, erudito y académico, sino que está concebido como una bitácora donde he registrado los pulsos de entusiasmo que me llevaron a escribir sin que existiera un plan de trabajo previo, preexistente. En ese sentido, defino a mi escritura como anárquica, porque no reconozco axiomas o principios a los que les deba una subordinación teórica absoluta y, por lo tanto, en el devenir narrativo de sus páginas, es posible hallar repeticiones, colisiones y temblores conceptuales. No deberían verse las redundancias en que incurre el texto como estafas autorales sino más bien como balbuceos adolescentes que no cuajan nunca en una palabra categórica e inmodificable.
A la ambigüedad temática abordada, que puede suscitar un escéptico desdén por quienes continúan acatando las pesquisas de la policía académica encargada de preservar la dignidad epistémica de los objetos de estudio, debe añadirse la ambigüedad metodológica en que está escrito esté anómalo texto, pues resulta difícil definir en qué género de la escritura se deben inscribir estas heterodoxas reflexiones. Por defecto profesional, esta colección de pequeños ensayos acusan residuos filosóficos en su costura expositiva y léxica, pero lejos de lo rigurosidad que impone la conceptualización filosófica, he dejado, intencionadamente, que las ideas se deformen hedónicamente en cauces poéticos, literarios y ensayísticos. Por momentos, el libro procura expresarse en un lenguaje directo y claro, pero tales propósitos son abruptamente abandonados cuando siento el peligro de incurrir en vulgaridades inaceptables. También creo imprescindible declarar que, a todas las discontinuidades epistemológicas y formales que el texto encarna, habría que añadir mi voluntad de no renunciar un ápice al carácter político de mi escritura, y, en tal sentido, los sucesivos parágrafos revelan una posición política y un compromiso explícito con objetivos revolucionarios que tengan por objeto favorecer y apuntalar la consecución inmediata del goce hedónico, única dimensión humana con la cual –a mi entender- puede ser medido el éxito o el fracaso de las acciones políticas que declaran como su objetivo la transformación radical de la realidad social. Soy consciente que hacer radicar el objetivo del obrar político en una conquista hedónica no ha sido un finalismo recurrente en la teoría y la acción revolucionarias políticas, porque la austeridad iluminista ha descuidado obstinadamente esta privilegiada dimensión de lo antropológico. Antes bien, el progresismo político parece haberse encarnizado con resultados emancipatorios recatados, minúsculos, ascéticamente republicanos.
El principio del que parto para definir al hedonismo político es mínimo e intuitivo: si una propuesta política no es capaz de hacer felices a las multitudes de sujetos individuales, entonces, esa forma de la política es una mera declaración discursiva que sólo tiene como verdadero objetivo la instrumentación de estrategias y acciones políticas que justifican y consolidan apropiación y acumulación sectaria de poder y verdad en manos de un segmento minoritario (aunque poderoso) de la sociedad. Y aunque no sea asunto de estos apuntes explicitar una teoría de la revolución, considero imprescindible aludir a diversos modos de reapropiación colectiva de esa riqueza material y simbólica que constituye la fenomenología óntica que determina y envuelve la cotidianidad existencial humana. En tal sentido, este libro mostrará que el erotismo constituye una de las dimensiones antropológicas portadoras de intensas gratificaciones, que debe, necesariamente remitirse al conjunto de prácticas y saberes que deben ser expropiadas, apropiadas y reformuladas por las multitudes en su proceso de liberación singularizante.
Soy consciente de que el libro es el fruto de un cúmulo de ideas que dan vueltas por el mundo contemporáneo (no hay forma de escritura que no sea una trasposición del tiempo y el lugar en que se produce) y si llegare a existir una ínfima dosis de originalidad, creo que la misma reside en el acercamiento a la formulación de lo que llamo una moral inmoral: nada de lo que considero verdadero para mí, supone censura al modo en que conciben la verdad los otros, siempre que esas verdades no impliquen la clausura de todo diálogo y no sean portadoras de la supresión fanática del que piensa distinto.[1] Traducido tal principio al más acotado universo del erotismo que me ocupa en este libro, las referencias a las prácticas más duras de lo que podría conceptualizarse, críticamente, como fetichismo de los pies, son escasas a lo largo del libro, simplemente porque no se trata de una cuestión que considere relevante en mis preocupaciones, y de ningún modo habría de inferirse de ello que yo sostenga severos cuestionamientos a prácticas liberadoras y enriquecedoras que tienen por objeto discutir la naturalidad adjudica a la sexualidad paradigmática: la reproductiva heterosexual. Esta es la inmoralidad de la moral aquí defendida: el acercamiento al pie y al calzado proviene de una compleja red de arterias de significación hedónica. El tono de mi libro está inscripto en un melodioso elogio de la belleza del pie, encomio que acepta un universo de posibilidades podológicas, pero que también, se encuentra muy lejos de disculpar una casuística de hechos aberrantes que pueda derivar en cualquier tipo de acto –premeditado o no- de violencia contra la libertad, deseo, integridad y vida del otro.
Es un libro que puede comenzar a leerse en cualquier página porque no se trata de un desarrollo orgánico y sistemático en donde la línea diacrónica del pensamiento marca procesos, estadios, evoluciones. Al tratarse de un libro que yo inscribo en una epistemología de la vida cotidiana, el lector habrá de hallarse con la espontaneidad de lo vital y si hay una cierta crispación conceptual por momentos, yo apuesto a que los mismos serán sorteados por el retorno a un lenguaje corriente, ligeramente embellecido por una estética de la erótica, a la que no podemos renunciar para no arriesgarnos a perder aquellos rasgos que proporcionan la especificidad del animal humano. Sin violentar esto que acabo de referir he añadido un índice que puede servir, en el caso que algún tópico entusiasme particularmente, para volver al mismo con facilidad.
Quiero expresar mi agradecimiento a María Cristina Boiero que ha tenido la amorosa deferencia de leer con detenimiento el original para devolverme sus apreciaciones y correcciones estilísticas. Asimismo, quiero reconocer los aportes y el estímulo que mi esposa, Sonia Domowicz (seguramente desde la parcialidad que mana del amor), me ha brindado durante años en las conversaciones recurrentes que sobre el tema hemos mantenido.







[1] La radicalidad del respeto por las diferencias parece anular mi principio moral. Y en efecto la moralidad de lo inmoral sería un absurdo en sus términos, un contrasentido, si no encontráramos un límite irrebasable: el respeto de la vida del otro configura una norma práctica que decide la pertenencia a la ciudadanía moral. La adjetividad de la inmoralidad a la que aludo refiere a la pluralidad de bienes y fines que puede perseguir una moral sin incurrir en la transgresión del principio de la irrebasabilidad de la otredad. 


viernes, 3 de enero de 2014

Está a la venta ELANIMAL QUE CALZA. EROTISMO DEL PIE Y DEL CALZADO...HASTA SU PRESENTACIÓN OFICIAL ESTA EN VENTA EN GENERAL PAZ 783, LOCAL 45, JOYAS LIKAN MAPU..RÍO CUARTO......
proximamente en las librerías.....

sábado, 9 de noviembre de 2013

Je cherche ton nom partout dans les rues,
La voix du GPS engageante et précise
Promet de me conduire vers tes jours sans crépuscule.
Ardente, je cherche l’exotique fragrance.
Qui combine le léger vinyl de ma jupe
Avec mes talons sans fins, où habitent
Ma soif de joie
Et ma faim de plaisirs humains.

Hedonia, capitale sensuelle de l’utopie.
En toi les jours deviennent jouissance, brouhaha.
Où ce qui est à moi et ce qui est à toi, se réunit.
Et où la moindre douleur ternie ma joie.

Tu es la capitale universelle de la justice.
Réelle fusion du fraternel, du solidaire.
Espace des nations sans frontières.
Qui exhibe des pouvoirs perdus et pervers.
Tu es tendre, tu es la plage aimante où on
Embarque pour d’érotiques affaires,
Dans des jouissances arrachées et de puissants délices.
Dans tes traces, les rues se terminent dans la chair,
Doucement enivrée par l’amour sur terre.

Hedonia, capitale sensuelle de l’utopie.
En toi les jours deviennent jouissance, brouhaha.
Où ce qui est à moi et ce qui est à toi, se réunit.
Et où la moindre douleur ternie ma joie.

http://www.youtube.com/watch?v=yX9wY46EBQ8&list=UUWiostji-JgI7yC5mzrc7tA

domingo, 3 de noviembre de 2013

EL ANIMAL QUE CALZA. EROTISMO DEL PIE Y DEL ZAPATO



Próximo a salir EL ANIMAL QUE CALZA. EROTISMO DEL PIE Y DEL ZAPATO. Es un libro audaz que colecciona reflexiones en torno al erotismo y la sexualidad, cuyo punto de partida es una analítica, entre poética y filosófica, del pie y del calzado. Lejos del academicismo, el texto procura ser un insumo para la discusión en cualesquier ámbito social sobre temas conspicuamente tildados de frívolos. Intento mostrar que la estética es un campo de tensión existencial dentro del cual la política constituye un actor relevante. Los pensamientos que se desgranan al propósito son revolucionarias invitaciones a mirar la realidad desde ángulos soslayados o condenados por las derivas hegemónicas del pensamiento progresista. La emancipación erótico-estética, asunto sobre el que versa éste libro, es uno de los tantos capítulos que conforman el proceso siempre creciente de libertad por parte de los seres humanos.

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jueves, 18 de julio de 2013

EL ANIMAL QUE CALZA. erotismo del pie y del calzado.

LA CONQUISTA DEL CALZADO. MODA Y REVOLUCIÓN

Aunque fuertemente adscripto al deconstruccionismo, no dudo en sostener que,  más allá de la historicidad de toda hermenéutica de la palabra, lo cosa pie desnudo es una constante referencia  a los sectores empobrecidos que tiene la virtualidad de remitir a la injusticia de los ordenamientos socio-políticos reales, concretados a lo largo de la historia. Normalmente los ricos han usado calzados, que no sólo operaban como enseres de protección sino, y fundamentalmente, como símbolos de poder y jerarquía (el pueblo debe descalzarse ante la presencia del monarca, quien, elevado también por sus zapatos, se torna, no sólo simbólica, sino también fácticamente, en un ser ubicado muy encima de quienes están debajo), mientras que los pobres han estado descalzos, no sólo expuestos a la crudeza del suelo y el clima, sino (y quizás se trate de algo más grave aún) condenados a la animalidad, a la pura biología. Exiliados de la espiritualidad, los pies, han sido autopercibidos por esas mayorías pauperizadas, como meros apéndices de la locomoción y jamás como zonas suscitadoras de experiencias de máximo goce estético y erótico. La consigna revolucionaria no puede limitarse a la conquista del calzado, porque con ser una meta necesaria no es suficiente para instaurar el reino de la estética y la erótica en el imaginario de las multitudes. La apropiación de la belleza y el libre ejercicio del deseo suponen la apropiación del calzado como instancia de subjetivación erótica. Ligar el deseo a la resistencia es un expediente revolucionario que catapulta las demandas a un plano de radical dignificación antropológica, que involucra el reclamo por lo lujurioso y no sólo por lo necesario o útil. Ya he hablado en otros apartados de este libro sobre la lucha política que supone la universalización del acceso a la moda. No tiene por qué verse como antitético lo banal con lo justo. ¡La justicia y la libertad revolucionarias suponen también el ingreso irrestricto y universal al universo de lo frívolo! 

domingo, 30 de septiembre de 2012

Antropología de la corporeidad. El animal que calza (43)


Juegos de pies.



Los juegos secretos que se entablan con el pie no consisten solamente en una exacerbación del ejercicio de lo prohibido o de la travesura: sino que están imantados de connotación erótica. Los novios se tocan los pies por debajo de la mesa con el fervor de un acto sexual desafiante. Los amantes se tocan los pies, y pierden el contacto con la realidad, tocando los pies de su amante en presencia de sus respectivas parejas. El estremecimiento y la adrenalina de estas furtivas búsquedas de los pies deviene de la connotación sexual y erótica del pie y no deben verse meramente, como anticipaciones de consumaciones sexuales genitales. 

Antropología de la corporeidad. El animal que calza (42)




La estética inutilidad del tacón alto.

La inutilidad del tacón alto. No hay razón de ser para el taco alto. Solamente hay una motivación estético-erótica. Por cierto que lo mismo pasa con lo puntiagudo de la punta del zapato, con los colores y con los materiales de los cuales están hechos. La ociosidad e inutilidad de estos detalles son, sin embargo, altamente significativos para desatar la atracción sexual. El calzado inútil, en rigor es expresivo, comunicacional, cálido, eróticamente persuasivos. Yo me cierno a la valía antropológica de estos apuntes, pero no es vano hacer notar que estas consideraciones psicosexuales están a la base de las estrategias de diseño, fabricación, publicidad y venta de los calzados. 

sábado, 29 de septiembre de 2012

Antropología de la corporeidad. El animal que calza (41)




La moda y el refuerzo erótico.
La moda como reforzador sexual. El deseo sexual se mide en función de los zapatos que se llevan. Los tacones, mientras más altos sean, expresan un mayor ímpetu erótico. El calzado desnuda. Sacarse los zapatos es mucho más que el prolegómeno de una relación sexual: es en sí mismo una conducta cargada de significación sexual. Los zapatos son verdaderas joyas y no pueden ser vistos como objetos de protección. Esa metamorfosis, ese salto de la tierra al cielo, es absolutamente captado por los diseñadores y fabricantes de calzado. Las relaciones son múltiples y sería absolutamente simplificador pensar que se trata de una mera satisfacción fundada en criterios lucrativos. Es como su pensáramos a los artistas como individuos que trabajan escogiendo cada palabra en función de criterios de marketing. El diseñador está imbuido de esta certeza que día tras día es más entendida por los seres humanos: que el zapato es un órgano artificial libidinoso. Perfectamente puede coexistir en zapato de altos tacones con ciertos juguetes sexuales en el armario pecaminoso de una mujer libre de prejuicios.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Antropología de la corporeidad. El animal que calza (40)




Feminizar el pie: la radicalización erótica.


El pie representa desde antiguo, en un gran número de culturas, el órgano sexual masculino, en tanto que el calzado se lo ha concebido como símbolo del órgano sexual femenino. Estas asociaciones culturales, sin duda, tienen sin embargo un asidero representacional. Hablan de un connubio muy profundo. Decir que el pie penetra el calzado es quizás una descripción usual, que a mi juicio, debe ser cuestionada (por lo menos en cierto tipo de calzados). Tal vez haya una reproducción del coito cuando se mete el pie en la bota o en el calzado cerrado, pero, ¿cómo hablamos de penetración en el caso de la sandalia donde el pie queda prácticamente desnudo? Es allí donde juega esta conceptualización de relación carnal, íntima, entre el pie y el calzado, relación que en el caso de la sandalia es evidentemente del orden de la sensualidad. Los grandes diseñadores saben que los tacones de punta o costados descubiertos son usados directamente por el carácter sensual de los mismos. Las sandalias atraen la mirada de los pies generando una situación de tensión sexual. La mujer juega con sus sandalias (descalzándose, colgándola del empeine o de sus dedos) y puede estar hablando de negocios. Pero sabe que el clima está ardiente en ese espacio. Sabe que está condensando la mirada y estimulando la fantasía. Este es el carácter sensual del zapato. Se trata de una dupla “naturalizada” o de una carne “tecnificada”. No importa, la prelación. De lo que podemos estar seguros es que se trata de una interpenetración erótica profundamente elocuente. Por cierto, que son muchas las zonas erógenas, pero las mismas permanecen relativamente cubiertas. Esto hace que el maldito y bajo pie sea, por lo menos en los tiempos contemporáneos, el órgano o instrumento sexual más frecuentemente exhibido. Embellecerlo con el calzado, feminizarlo radicalmente es un expediente legitimado de exhibición erótica pública.

jueves, 27 de septiembre de 2012

antropología de la corporeidad. El animal que calza (39)




Anarquía amorosa: el beso en los pies.


La estatuaria, la pintura, la literatura, la dramaturgia exhiben muchos casos donde el pie desnudo juega un rol importante. Santidad y pecaminosidad, pureza y lascivia aparecen asociados en muchas de esas escenas.  El pie humilla y el pie eleva. Son dos posibilidades que esconde su ontología erótica. Estar bajo el pie es un acto de sumisión, pero besar el pie es, también, un acto liberador dentro de las relaciones sexuales. El beso en el pie, la succión de los dedos, supone una confianza extrema: la democratización absoluta de la relación amorosa.  Esto se debe a muchas razones, entre las cuales, por cierto, adquiere relevancia la construcción del asco alrededor del pie. El pie huele a suciedad, el pie está en contacto con lo más bajo y lo más repugnante, el pie soporta la jornada y resume el cansancio. Besarlo supone la asunción del otro en su condición más terrenal: es la sacralización de lo profano. Volver objeto de adoración pasional al pie, por lo demás, manifiesta la entrega extrema y absoluta.
Por ello, el arte sublima las tensiones libidinosas en gestualidades que se aproximan más a la religiosidad que a la lascivia. Todas las prohibiciones que han pesado sobre el pie, han hecho que el mismo se convirtiera en una zona ampulosamente recubierta, aún a costa de inhibir o coartar su performance. En esa lógica de la represión, del castigo y de la pecaminosidad, el beso del pie de quienes tienen poder social, político y económico, no es sino una de las perversiones del deseo erótico. Besar el pie, en esas condiciones expresivas de sujeción y reverencia, equivalen a entregas lúbricas, repugnantemente disimuladas. Son formas psicológicas de violación.
Los besos desprejuiciados de las parejas que se acuestan en posiciones invertidas, de modo tal que los pies de ambos están a la altura de sus bocas, suponen la anarquía amorosa: esto es, la abjuración de todo poder, de todo dominio.


miércoles, 19 de septiembre de 2012

antropología de la corporeidad. El animal que calza (38)(




Exilio de la desnudez.                 


¿Porqué ha pesado sobre el pie desnudo tanta interdicción, tanta cárcel, tanto ostracismo? Si no fueran indecentes y lascivos, si no fueran procaces y lujuriosos no pesaría sobre ellos tanta prohibición. Reyes, reformadores morales, gobernantes, el clero y la prensa –como expresión formal, tanto de la gazmoñería de los poderosos como de la supeditación mental de los sectores subalternos- no se hubieran ensañado con la extradición del pie del reino o la república de la figura humana decente y mostrable si los mismos no configuraran en el inconsciente reprimido la puerta de acceso a la desnudez como incitación a los placeres venéreos. 

antropología de la corporeidad: el animal que calza (37)



Erótica y morfología.


El contorno del pie posee un atractivo sensual. Contorno dinámico en la modulación sinuosa de sus movimientos al caminar. La curvatura del pie, el empeine (que el artefacto del erotismo del pie (calzado) exaltan y magnifican. Piénsese en los tacones donde el empeine y la curvatura confieren dimensiones hieráticas al pie. Le elevación del pie, su vuelo, gracias al tacón confiere al tobillo una gracia que multiplica su belleza natural. El pie elevado estiliza de tal modo la pierna que se torna irresistible a la mirada. Los dedos del pie, ligeramente presionados en esa posición de vuelo, se tornan más frutales. La inclinación de los dedos continúa esa verticalidad extremadamente elegante. 

antropología de la corporeidad: el animal que calza (36)



Estoy descalzo, estoy desnudo.

Escondido, metamorfoseado, elidido, prohibido, execrado…por todas partes las leyes, los mitos, los razonamientos disimulan la mirada del pie. Se bajan los ojos con un disimulo teórico y poético que todo lo sublimiza.  La estrecha relación entre el pie desnudo y las demás zonas sexuales, no me parece ser meramente una simbolización o sustitución. El pie desnudo es enteramente atractivo porque en el comienza la desnudez total. La desnudez no comienza en la cabeza. La cabellera será erótica para muchos, pero por razones que pueden ser del orden del símbolo o del signo y no por interpelación directa al deseo sexual. En ciertas culturas los individuos sentían más vergüenza al mostrar sus pies descalzos que al mostrar sus genitales descubiertos. Esta observación puede estar abierta a variadas significaciones, pero es indudable que demuestra que el pie no es visto como un mero apéndice sino como una parte central en la edificación del esquema corporal humano: estar descalzo, equivale, en algún sentido estar desnudo. Mi desnudez comienza por los pies y es sobre ello donde las miradas se concentran. Paulatinamente los ojos descubren o se concentran en la genitalidad, que, en el caso de la mujer, no es tan visible su morfología como puede ser el pie que expresa la totalidad de lo que soy como cuerpo desnudo: el pie desnudo me vuelve carne.




antropología de la corporeidad. El animal que calza (35)

Relación ¿natural? del pie y el calzado.

El pie es erótico. Extraña y baja encarnación de lo erótico. Sin embargo, por todas partes y en todos los tiempos el pie ha sido objeto del deseo. El calzado, su complemento natural (¿natural un objeto de la cultura?) lo ha acompañado, furtivamente, como un ropaje sensual. Más allá del carácter protector, su vocación ornamental ha revelado siempre esta continuidad natural. Consciente de la problematicidad de la noción naturaleza, se me ocurre que puedo, atrevidamente, hablar de fusión o interfaz erótica entre el pie y el calzado, porque vestir (revestir) el pie es un ejercicio de lascivia reprimida. Es difícil extirpar del pie su connotación sexual, connotación que no me parece meramente simbólica, alegórica o representacional, sino que conforma una expresión directa de la sexualidad. La desnudez del pie, su descalcez es erógena. El pie excita, y ello no tiene que ver con perversión o anormalidad alguna: se liga a la presencia primera de la carne como tentación, como incitación, como pecado.

sábado, 30 de junio de 2012

antropología de la corporeidad. El animal que calza (34)

Holismo corporal.


Como salir del cuerpo? Como  escapar de sus escozores? Como inventarnos una mirada que planee sobre nuestra cenestesia? Como huir del deseo que no es sino una conjunción (casi divina) de las impresiones psíquicas y los temblores de la piel? Cómo dejar de ser seres que disfrutan de sabores y olores que se permean por nuestros sentidos? Cómo dejar atrás la carne, el sudor, el cosquilleo, el desparpajo de lo sentidos ensamblados? Cómo definirnos fuera del goce? Somos esa integridad subjetiva, esa integridad sujetiva, esa integridad material, ese cosmos antrópico. Somos el rostro y somos el pie. Estamos todo íntegros en esos pasos inaudibles que nuestra descalces entrega a la fuerza inaudita de nuestras emociones. Somos nuestro andar glamoroso, desanimalizado, angélico. Somos nuestra animalidad sin dioses, sin trascendencia, sin paraíso ni infierno. Somos la segunda piel, el artificio. Somos el calzado, la sandalia, el tacón. Somos ojos que se detienen en la desnudez frutal de los dedos que dejan entrever unos zapatos con sus puntas en découpé.  Somos la esbelta altura desde la baja belleza de los pies. Estamos ahí. Cómo escaparnos de nuestros cuerpos? Cómo acceder al limbo cuando somos de bella tierra? Cómo inventamos la bajeza de algo tan insustituiblemente humano?  

miércoles, 13 de junio de 2012

Antropología de la corporeidad: El animal que calza.(33)


La construcción de la voluptuosidad.
Los tacones, las sandalias son verdaderos performativos.  Edifican sensualidad, construyen erotismo, alientan la procaz lascivia. En la Segunda Guerra Mundial, sobre todo en los Estados Unidos de América,  las imágenes de las chicas en trajes de baño y montadas en high heels configuraron patrióticos estímulos para los soldados en el frente de combate. Algunas imágenes tuvieron una enorme difusión y los militares dibujaban mujeres eróticas (rigurosamente calzadas con tacones) en sus objetos cotidianos. Lo anecdótico tiene que ver con el hecho de que en la intersección entre el objeto real y el deseo sexual real, se produce una fuerza erótica y sexual que metamorfosea la realidad.
Los ojos se detienen en la sandalia, cuyo objeto no es calzar sino estilizar y erotizar. Nadie puede imaginar la utilidad calzado de la sandalia: sus tacos altos, sus mínimas tiras, la curvatura extrema el cambrillón, etc. son anti utilitarias, son, en rigor, incómodas. La utilidad de la sandalia es hermosear a la mujer, metamorfosearla en la imaginación del otro en una mujer fuera de lo común, en una estrella de cine pornográfico. Por eso, en la urgencia del sexo irreprimible la mujer hace el amor calzada….Desnuda pero calzada….El calzado es un estímulo poderoso que sostiene la fantasía que reclama la consumación del orgasmo.
No en vano los chistes que aluden al cansancio cotidiano de las relaciones estables muestran a la mujer en calzados de tacos bajos. Esa misma mujer, realizando las mismas tareas, pero usando tacones color rojo constituiría una formidable modelo sensual, una invitación permanente al goce.
La performatividad del tacón alto es, como hemos dicho en otras entradas, del orden de la voluptuosidad, del deseo, de la gratuidad. La sandalia edifica el deseo sexual: construye hembras o lobas o perras. Construye mujeres que no se conforman con unos pocos meses de pasión biológica. La sandalia es la construcción cultural del deseo. Es la pasión cultural opuesta a la mera pasión biológica.

miércoles, 11 de abril de 2012

Heurística de la prostitución.(otra versión)


La construcción del objeto del deseo está abierta a la ingeniosa sensualidad de la libertad. Las intensas conminaciones del cuerpo estructuraron los caminos de la dignidad humana. De las necesidades corporales manan las conquistas antropológicas: hambre, frio, dolor, deseo posibilitan mediaciones autoconstructivas. Así es como muchos siglos de prohibición y mutilación erótica determinaron la hegemonía procreadora de los órganos sexuales. La sexualidad quedó secuestrada en la reproducción, normalizando el coitus naturalis. La interpenetración de los órganos genitales es la forma medicalizada de la procreación. Podríamos perfectamente ubicar a esta anatomía y fisiología de la reproducción en capítulos asexuados de la ciencia médico-biológica, sin asociar a la palabra sexualidad un ápice de goce. La sexualidad reproductiva se ha asfixiado en los asépticos alcoholes que custodian la función natural de continuidad de la especie). Otras utilizaciones de los órganos reproductivos se halla absolutamente vedado por el Index prohibitorum donde se califican las bestialidades y aberraciones anti naturales, contra naturam. El sexo oral, anal, homosexual, se hallan demonizados y prometen el infierno a quienes incurren en su pecaminosa práctica.
El mapa de las aberraciones que traza el poder pastoral se encarna potentemente en los cuerpos: la incursión por esas tierras anómalas se convirtió en un verdadero tabú. La normalización (angelización montada paradójicamente en la genitalidad burdamente animal) de la sexualidad volvió monótona y aburrida su práctica. Al amparo de la hipocresía social (siempre tolerante a escondidas con las desviaciones), el cuerpo sagrado de la prostituta guarda en su memoria sensual la memoria del pacato sexo monógamo y sus aburridos protocolos que prescribían-prohibían  posiciones, fervores, gemidos y expresiones soeces. La prostituta es el ángel rojo de la libertad. Dimanan de sus licencias creaciones proliferantes. Por ello, los creadores (políticos, científicos, artísticos, etc.)[1] han apelado a la heurística de la prostituta, a su capacidad de invención, a su frescura, a su irreverente monstruosidad. Prostituta es el epítome de la libertad. No se trata de una necesaria referencia a quien “vende” su cuerpo, sino más bien una alusión a quienes tienen la bendita osadía de deconstruir normalidades. No en vano el (pobre) lenguaje  de la intimidad de los amantes registra el término puta como un precipitante erótico. 
 Atesora la prostituta enciclopedias de la piel, voluminosos tratados que nunca han sido escritos y que, sin embargo, reproducen la sabiduría privada de quienes desnudan la piel y el alma en el camastro de la entrega confidencial. Como verdaderas pitonisas del deseo, las hetairas huyen del destino reproductivo para ingresar a la compleja creación del placer. Mece la invención artística en sus pechos generosos y en la diagonal púbica. La ciencia formula sus hipótesis al amparo del eterno instante en que su dulce profesionalismo se escabulle del circuito bastardo de la ganancia capitalista.
Compañera insobornable de la angustia y los fracasos. Acoge el dolor y lo transmuta en risa. El aroma profano del tabaco y el whisky se recrea litúrgico y sagrado al pie de su desnudez de virgen pecaminosa. Su amor, multiplicado escandalosamente, suaviza las heridas y reacomoda la subjetividad. Psicóloga de los humores venéreos, arquitecta de la carnalidad, abogada de las infidelidades, economista del gasto improductivo, poetisa del placer y de las redenciones. Calificaciones que no agotan su potencia erótica y sus modulaciones orgiásticas, su poderío heurístico, su humanidad duplicada, su avenida revolucionaria.
   


[1] Quitando la inexcusable barbarie con que actuó el brutal conquistador de Abya Yala, hay que admitir que el psiquismo de esos castrados sexuales se vio sacudido ante la sabiduría libidinosa de otras etnias y culturas en las cuales el erotismo sexual formaba parte de la vida cotidiana como un ingrediente de goce y hedonismo.

viernes, 24 de febrero de 2012

Antropología de la corporeidad: el animal que calza (32)





El zapato cerrado: ontología y psicología de la fealdad.

Escamotear el pie y el calzado de una analítica psicológica para conservar su evaluación fenoménica en un plano estrictamente ontológico implica el peligro de exiliar al ser de los avatares históricos.  La personalidad es histórica: acusa ella los acontecimientos existenciales, tanto los estrictamente personales e intransferibles, como los sociales que tienen el poder de conformar subjetividad. No hay absoluto alguno respecto del pie, ni siquiera en su conformación biológica, puesto que las tecnologías médicas intervienen en proporciones crecientes en la transformación estructural-anatómica del pie. El calzado constituye la ocasión de la transformación estética del pie y, como tal, implica una rica y versátil oferta para la satisfacción emocional, lábil y caprichosa.
En tal sentido, pienso en categorías tales como aburrido, recatado, gazmoño, tosco, para caracterizar a los calzados. Diversas razones biográficas determinan un pensamiento conservador, reaccionario o cerril, que inducirán en el individuo conductas saturadas de cautela y temor. La desnudez del pie se vivirá como obscena y la necesidad de cubrirlo será obsesiva. El zapato cerrado refiere a esa decisión de censura corporal. Más allá de zapatos cerrados diseñados con glamour y encanto por estar dotados de tacones altos, de líneas delicadas, de colores brillantes,  el grueso del calzado cerrado es aburrido y feo. Las razones climáticas o el afeamiento de los pies por el transcurso del tiempo no tiene porqué anular la sensualidad que se exhibe en verano o cuando se fue más joven. De hecho un peep toe, un zapato cerrado, con plataforma y apenas provista de un pequeño découpe que deja lugar a la exhibición a las uñas de los pies, se convierte en un erótico remplazo de la sandalia.  La apertura hacia un pensamiento dinámico, desestructurante, revolucionario constituye una posibilidad real para erradicar la fealdad de raíz. Un zapato feo neutraliza el total de la figura humana, por constituir el pie y el calzado una zona magnética que atrapa la atención de quien nos mira.

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jueves, 19 de enero de 2012

Antropología de la corporeidad: el animal que calza (31)

Sandalia y lascivia.


La sandalia,  diseño desnudo del deseo, evade el mero camino del fetiche. No es en rigor una sustitución: es la prolongación artificial del pie. El pie sutil se viste…Las tiras acarician el empeine y los dedos del pie. El cambrillón vuela en la altura del taco hacia territorios de erotismo. La interpenetración es tan íntima y perfecta que el pie desnudo no necesita desvestirse en el momento de la cópula amorosa. La artificialidad (es decir la naturalidad de lo humano, pues ser humanos no es sino el tránsito vital de la mano de las tecnologías) multiplica el deseo. Las formas, las texturas, los materiales son afrodisíacas en el arduo momento de la entrega.
La curvatura del pie adelanta el cuerpo hacia el goce. Acelera  la consumación estilizando las piernas, las rodillas y la columna. Estar con las sandalias puestas anticipa las vivencias erógenas. El lascivo contacto con las superficies de la sandalia. Escojo la sandalia de tacos agujas y conjeturo la lujuria de las miradas. Pero no se trata de un mero fetiche: es sencillamente el encuentro con nuestra extra corporeidad sensual. No sustituyo la piel y sus sudores y olores: potencio la erogenidad de la piel en el artefacto sensual diseñado al ardor lúbrico del deseo. 

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viernes, 30 de diciembre de 2011

Antropología de la corporeidad: el animal que calza (30)




Heurística de la prostitución.
La construcción del objeto del deseo está abierta a la ingeniosa sensualidad de la libertad. Muchos siglos de prohibición y mutilación erótica determinaron la hegemonía procreadora de los órganos sexuales. La sexualidad quedó secuestrada en la reproducción, normalizando el coitus naturalis. La penetración del pene en la vagina es la forma medicalizada de la procreación. Podríamos perfectamente ubicar a esta anatomía y fisiología de la reproducción en capítulos asexuados de la ciencia médico-biológica, sin mencionar la palabra sexualidad (pasada por los alcoholes asépticos de la función natural de continuidad de la especie). Otras utilizaciones de los órganos reproductivos se halla absolutamente vedado por el Index prohibitorum donde se califican las bestialidades y aberraciones anti naturales, contra naturam. El sexo oral, anal, homosexual, se hallan demonizados y prometen el infierno a quienes incurren en su pecaminosa práctica.
Es una sucinta cronología del mapa de las aberraciones trazados por el poder pastoral. El arraigo, la encarnación de estas interdicciones se convirtieron en verdaderos tabúes. La normalización de la sexualidad volvió monótona y aburrida su práctica. Por suerte, la hipocresía social siempre toleró algunas desviaciones: el cuerpo sagrado de la prostituta guarda la memoria del pacato sexo monógamo y sus aburridos protocolos que prescribían-prohibían  posiciones, fervores, gemidos y expresiones soeces. La puta es el ángel rojo de la libertad. Por ello, todos los creadores (políticos, científicos, artísticos, etc.) han apelado a la heurística de la prostituta. El conquistador occidental de los siglos XV y XVI sucumbió ante la sabiduría sexual de otras etnias y culturas donde el sexo erótico formaba parte de la vida cotidiana como un ingrediente de goce y hedonismo.

 Atesora la prostituta enciclopedias de la piel, voluminosos tratados que nunca han sido escritos y que, sin embargo,  reproducen la sabiduría privada de quienes desnudan la pie y el alma en el camastro de las confidencias. Pitonisas del deseo, las hetairas huyen del destino reproductivo para ingresar a la compleja creación del placer. Mece la creación artística en sus pechos generosos y en la diagonal púbica. La ciencia formula sus hipótesis al amparo del eterno instante en que su dulce profesionalismo se escabulle del circuito bastardo de la ganancia capitalista.
Compañera insobornable de la angustia y los fracasos. Acoge el dolor y lo transmuta en risa. El aroma profano del tabaco y el whisky se recrea litúrgico y sagrado al pie de su desnudez de pecaminosa virgen. Su amor multiplicado en miríadas suaviza las heridas y reacomoda la subjetividad. Psicóloga de los humores venéreos, arquitecta de la carnalidad, abogada de las infidelidades, economista del gasto improductivo, poetisa del placer y de las redenciones. Calificaciones que no agotan su potencia erótica y sus modulaciones orgiásticas, su poderío heurístico, su humanidad duplicada.  

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