La Perinola

Como en un juego la vida da y quita. Pero la perinola es accionada por fuerzas absolutamente humanas. Pensar la realidad cotidiana es el objeto de estos apresurados apuntes críticos.

martes, 6 de diciembre de 2016

Volver a mirar. Antropología de la felicidad.Democracia poética: la libertad de nombrar inesencialmente.


La red de conceptualizaciones que estructuran el entramado social tiene por principal objeto distribuir a los individuos en compartimentos ontológicos: así, ley, constitución, derecho, libertad, moral, anomalía, por citar sólo un minúsculo grupo de significantes y significados lingüísticos-semióticos, operan en dicho sentido. El lenguaje es el modo humano de constituir elmundo y las relaciones que entablamos con él. Las palabras en su aparente inocencia sonora o gráfica desatan, sin embargo, la sucesión de acontecimientos que constituyen la vida social-política-cultural humana. Por ello, nuestras adhesiones, manifestaciones y acciones nos ubican en sitios de la realidad que nos definen esencialmente en lo que somos. Esto significa que todo gesto personal-individual es, en rigor político. Una palabra disonante puede desatar nuestra persecución por parte de las fuerzas socio-institucionales. Revisar el lenguaje, proliferarlo, multiplicarlo, volverlo multívoco, paradójico, equívoco. Limpiarlo de tanta corrección. En otras palabras, desnudar el carácter político del lenguaje: la gramática es una expresión de la estratificación social e ideológica de la sociedad. No existe democracia cuando las palabras adscriben a una manifestación paradigmática del ser. La democracia supone la posibilidad de revertir, destruir, reconvertir, resignificar significados y significantes. La democracia es poética, es decir es el reino de la metáfora, el modo libérrimo de decir la realidad. No se trata de romper todo código comunicacional, pero si se trata de denunciar los usos autoritarios del lenguaje y eso es posible cuando podemos inventar un nombre metafórico a las cosas. Destruir las academias de la corrección y habilitar un universo libertario donde estar con el otro es un acto amoroso de comunicación y no la forzosa conjunción en las factorías de
la mercancía.

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domingo, 26 de junio de 2016

Antropología de la amputación corporal: la subversión anárquica del pie.

Una antropología de la amputación segrega al pie del mapa total de la anatomía corporal humana. Pareciera que el pie no correspondiera a la imagen humana cuando se lo exhibe separadamente en una representación que, inmediatamente es vista, como arquetipo del fetichismo. Es fácil advertir que no pasa esto con las representaciones aisladas de otras partes del cuerpo. En efecto, unos labios sensuales remiten a un rostro y el rostro remite a la totalidad de la figura humana.
La amputación del pie obedece a razones ideológicas que determinan una política corporal especial para el cuerpo y una ética también peculiar para el enjuiciamiento del pie. El pie conforma una zona de sublevación somática y como tal es exiliado de la anatomía regular. El pie encarna la guerrilla corporal y recoge en su conceptualización todos los vituperios y condenas argüidas por la ético-política conservadora. La subversión es el pie, es decir la izquierda de nuestra carne. Representa, justamente, la desorganización, la anarquía. Cuando los hombres serios hablan del cuerpo humano aherrojan a los pies en un bestiario. No pocas veces se habla de los pies llamándolas patas, como si se tratara de lo más animal que poseemos los seres humanos.

jueves, 23 de junio de 2016

Lo sublime y lo execrable.

Una topología idealista decretó el arriba y el abajo ontológico. Lo excelso y lo execrable quedaron definidos para siempre. Repetimos esa topología caprichosa y discriminatoria: por todas partes oímos hablar de lo sublime y de lo execrable. ¿Pero cuál es el fundamento de una oposición tan rígida y perversa? Razones puramente históricas, pues no existe el libro sagrado de lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo. Sobre el pie ha pesado esta condena que recoge tanto repugnancia como desdén. Se trata de una Pedagogía de la mirada y debemos ser capaces de deconstruirla a través de inversiones y genealogías que desnuden la vacuidad y la arbitrariedad de la pedagogía hegemónica. Un camino de liberación debe ser transitado siguiendo múltiples posibilidades. No se trata de seguir un único y repetido recorrido. En algún punto del viaje se hallan los pies con toda su maravillosa belleza y con su desestructurante erotismo. El color de la piel, la forma de los dedos, la concavidad del arco, la oblicuidad del empeine, todo, todo ello nos retienen en el pie si hemos sido capaces de huir de los paradigmas amputacionistas que han identificado la belleza con partes aisladas del cuerpo sobre las que se concentra todo el juicio estético (el deseo erótico diría yo, usando una primera inversión que desnuda o revela la singular importancia de la sensualidad y la sexualidad en la construcción del sí mismo y de la otredad)

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lunes, 1 de febrero de 2016

Democracia poética: la libertad de nombrar inesencialmente.



La red de conceptualizaciones que estructuran el entramado social tiene por principal objeto distribuir a los individuos en compartimentos ontológicos: así, ley, constitución, derecho, libertad, moral, anómalo, por citar sólo un minúsculo grupo de significantes y significados lingüísticos-semióticos. El lenguaje es el modo humano de constituir el mundo y las relaciones que entablamos con él. Las palabras en su inocencia sonora o gráfica desatan la sucesión de acontecimientos que constituyen la vida social-política-cultural humana. Por ello, nuestras adhesiones, manifestaciones y acciones nos ubican en sitios de la realidad que nos definen esencialmente en lo que somos. Esto significa que todo gesto personal-individual es, en rigor político. Una palabra disonante puede desatar nuestra persecución por parte de las fuerzas socio-institucionales. No existe democracia cuando las palabras se adscriben a la manifestación paradigmática del ser. La democracia supone la posibilidad de revertir, destruir, reconvertir, resignificar significados y significantes. La democracia es poética, es decir es el reino de la metáfora, el modo libérrimo de decir la realidad.

sábado, 30 de enero de 2016

Libertinaje y libertad: sus superposiciones creativas.




La libertad es el nombre civilizado que la sociedad moral le ha puesto a la vida domesticada del animal humano. Apenas asoma una dosis de rebelión creativa en el individuo o en el grupo, esa sociedad habla de libertinaje, caos o anarquía. La libertad es sobria y previsible porque sigue codificaciones, pautas y costumbres. Ser libre es observar meticulosamente el orden establecido y, por ello, la libertad es conservadora. La libertad es enemiga de la utopía y del deseo y se erige en un límite infranqueable en la experimentación de nuevas relaciones con los demás.
Sé que la semántica es un campo de controversias ásperas y decisivas y sé también que yo podría nombrar a la libertad adscribiéndole a ella todos los contenidos que le otorga el moralismo a la palabra libertinaje. Por lo pronto creo que la libertad refiere a la todoposibilidad de la creación y la fantasía. Es una palabra sutil como la carne misma, por eso, tiene un límite natural: el cuerpo deseante del otro. La única acotación de la verdadera libertad es el respeto de los cuerpos, es decir, de nuestra verdadera sustancia ética. Soy libre hasta que el cuerpo del otro ejerce su opción deseante y opone su rechazo a mi pretensión egoísta colonizante.

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jueves, 21 de enero de 2016



Política, felicidad y emancipación.
Abelardo Barra Ruatta
Una visión psico-afectiva de la felicidad tiene que pensar necesariamente ese estado-búsqueda en estrecha concomitancia con una sociología de lo eudemónico, queriendo significar con ello que, tanto el estado emocional como el estado ontológico poseen un fuerte soporte material de origen socio-cultural. Cuando llevamos al discurso a las arenas de la economía de la materia, la felicidad comienza a desplazarse por andariveles políticos. Sin dudas que existe una agonística de la felicidad que lleva a que cada clase, sector o grupo social, busque apropiarse del mayor quantum de placer y esto no se logra sin la sustracción o extracción del producido hedónico de los sectores subalternos en la pirámide social. La felicidad es también algo que debe conquistarse: la lucha por la felicidad es enteramente aceptable y razonable. Todo es de todos y no es justo que algunos sectores se apropien excluyentemente de la felicidad relegando a los otros a la ética sacrificial.
Antropológicamente la felicidad concomita, de un modo u otro, con todas las actividades del ser humano. De allí su raigalidad. El goce derivado de las artes, de la comida, de la sexualidad, del trabajo, deben acoplarse envolventemente a lo que llamamos felicidad para que alcancen su plenitud antropomórfica. Quiero decir que cuando el trabajo, por ejemplo, se practica en condiciones de alienación de las potencias privativamente creadoras del animal humano, su resultante induce insatisfacción, sufrimiento y desgracia. Otra vez hablo de la poderosa dimensión política de la felicidad, es decir del carácter relacional que poseen aquellos soportes materiales o simbólicos de la felicidad. El capitalismo indujo una mecánica de la felicidad, esto es una felicidad que se calcula alrededor de la mercancía como epítome de la ganancia, haciendo que los sujetos alcancen el goce sólo con la apropiación desmedida e individual de bienes materiales que se vuelven obsoletos debido a la vorágine productiva que pone en marcha el circuito del beneficio. De tal manera, esa mecánica de la felicidad acaba induciendo desdicha, angustia e insatisfacción. La materialidad ontológica de la felicidad es sustituida por el espectáculo de la felicidad, es decir por una fantasmalidad lábil e inconsistente.  A pesar de esta corrupción de la felicidad,  en el marco de una sociedad que mecaniza al placer en una línea o cadena de producción, no podemos dejar de tener en cuenta que desmaterializar a la felicidad guarda una ominosa congruencia con aquellas posiciones de aristocracia moral que hacen radicar el acceso a la felicidad en una desposesión abstracta y discursiva de aquello que se posee real y contundentemente. El poderoso que tiene resuelto su problema de vivir opulentamente hace alarde de que la felicidad, en rigor, reside en el despojo de todo lo material y acusa de materialistas morales a quienes hacen radicar la felicidad en la posesión de aquellos bienes que contribuyen a alcanzar una vida buena, que consiste simplemente en la satisfacción de demandas que exceden largamente la consecución de los bienes más primarios y elementales que hacen posible la subsistencia. La felicidad no estriba solamente en el vivir sino en la forma que adopta ese vivir. La subsistencia es una dimensión zoológica, el vivir humanamente supone el goce de bienes materiales y simbólicos que el arduo y largo trabajo humano puso a disposición de la humanidad.
La felicidad es una sensación escurridiza y subjetiva. Si no hacemos consistir la felicidad en un estado almático o espiritual permanente, el ser humano se agencia de estrategias psicológicas cuyo apalancamiento no depende siempre de nuestra voluntad. Lo otro y el otro coadyuvan a definir mi felicidad y lo otro es ajeno a mí en gran medida, mientras que el otro es un ser libre de quien no puedo disponer a mi antojo como si se tratara de un esclavo hedónico. Esto determina la existencia de una ética de la felicidad que no radica en la felicidad que se vive aisladamente o a costa del sufrimiento ajeno: se trata de la felicidad que emerge del compartir empáticamente.
La felicidad como sensación, como fluir emocional, esto es, como un estado psico-afectivo, constituye sin dudas un anhelo antropológico primario, porque allí la felicidad se definiría como una ecuación resultante del acercamiento al placer y como fuga del dolor. Yo diría que en ello radica la aptitud material de la felicidad.
En cambio, la felicidad como estado espiritual, es lo que los filósofos han tematizado como el núcleo de la problemática que nos ocupa. Se ha identificado este estado espiritual con el sumo bien. Las concepciones filosóficas hegemónicas del Occidente han identificado ese sumo bien como una organización ontológica que hace coincidir a la felicidad con la cercanía a lo almático y con el consiguiente distanciamiento de la sensoriedad. Con bases en esta organización del ser se establecía una jerarquización que ponía en el vértice a la felicidad que se deriva de la sabiduría, esto es, de las virtudes del intelecto. También se estimaba la virtud del heroísmo como una instancia dadora de felicidad y era una virtud vinculada a la fortaleza, la valentía y el honor. Y finalmente se admitía una variante de la concupiscencia que estaba limitada por reconvenciones espirituales que condenaban la entrega desenfrenada al placer: en todo caso se daba lugar al goce de pequeños placeres, medidos, mesurados, acordes con un alma apetitiva virtuosa.
No muy distante a este esquema greco-romano, el Cristianismo identifica la felicidad con la beatitud, implicando, por cierto, un abandono de los placeres terrenales y un direccionamiento  del alma hacia una espiritualidad despojada de todo aliento terrenal.

Lejos de poder trazar un cuadro circunstanciado de lo que las éticas trascendentalistas han tenido por lo que debe entenderse por felicidad, sólo he querido mostrar el profundo contenido material y político que posee la felicidad. Se puede decir que la conquista de la felicidad coincide con la emancipación efectiva del género humano respeto de ataduras materiales y morales.   

miércoles, 16 de septiembre de 2015

POÉTICA DEL PIE.

Poética del pie que no advierten los que miran medianías, los adocenados, los acostumbrados a repetir diariamente la liturgia conservadora. Poética dulce y suave de los pies que suman en su grácil estética lo más bello de los mundos reales e imaginarios. Caminando sobre pétalos de jazmines se deslizan los pies con unas uñas delicadamente pintados del color de los ceibales. Iluminada estética del pie que flota en sus deliciosos movimientos que parecen deducidos de los cuadros de los más espléndidos pintores. Erótica magnífica la de los pies que se exhiben concupiscentes a los ojos de fieles adoradores de lo bello.

domingo, 16 de agosto de 2015

Desacrificializar la vida.

Los poderosos urdieron la trama siniestra del sacrificio para someter a todos los vulnerables. Religiones y filosofías fungieron como garantes trascendentes de las situaciones que causan dolor.  Se naturalizó el dolor como peaje hacia un incierto bienestar pospuesto hacia un futuro cada vez más móvil e inalcanzable.
Por eso se trata de perfomativizar teorías desacrificializadoras, decirlas y actuarlas. Atreverse a invertir el dibujo de los cielos y poner en el ahora el ingreso a la vida digna. Desautorizar a todo lo que está autorizado hasta la sacralización. Viejos apotegmas (Ni Dios ni amo), execrados por las inquisiciones monárquicas, burguesas y religiosas tienen que ser recuperados pero ya no sólo como discursos sino como concreciones. El poder de la vida tiene que pasar al pueblo. Hay que conquistar las puertas del infierno, hay que reírse a carcajadas sostenidos por morales de burdel.
La vida no es el sacrificio de recomenzar en la pobreza después de un golpe que te ha dejado aún más pobre. La vida ha de ser la fiesta de reapropiarnos de todo lo que nos fue expropiado tras siglos de tiranías celestiales y vicariatos terrenales. Por el goce, por la dignidad, por la risa: carnavalizar la existencia y hacer que cada día sea una ocasión propicia para disfrazarnos de los que más placer nos cause.

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sábado, 15 de agosto de 2015

Reggaeton y bibliotecas. Hacia una moral del burdel.


La espiritualidad de receta abreva en las nubes que rodean al planeta Tierra. ¿Será porque se parece a las predicciones meteorológicas, de extraordinario seguimiento, que sus exhortaciones son devoradas como el pan caliente de las mañanas llenas de hambre?

Yo pienso en una espiritualidad de galaxias, esto es, una espiritualidad sin medida, ilimitada. Sin quitarle un ápice de inmanencia histórico-geográfica, pienso una espiritualidad que incursiona por los infiernos y los cielos en idénticas proporciones. A las morales beatíficas se me ocurre oponerles una moral de burdel, ruidosa, escandalosa, glamorosa. Mucha música, quizás reggaetón (digo por su sensualidad desmedida), mucho champagne, mucho whisky y mucha algarabía. Caras de personas que ríen de la muerte y que apuestan a un mundo donde los administradores del dolor sean exiliados para siempre a las aburridas y silenciosas bibliotecas del Cielo. 

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viernes, 14 de agosto de 2015

BELLEZA DEL PIE, IMPENITENCIA Y LIBERTAD.

La belleza de los pies debe ser reprimida tanto en su exhibición como en su elogio por parte de quien la admira.  Secreto venéreo que rompen las mujeres libres y los sibaritas impenitentes. Con todo, suele la libertad femenina venir acotada al glamour que proporciona esa maravilla del arte y la tecnología que es el high heel. Las mujeres más libres, las libérrimas, añaden a esa verdad patente el goce de la seducción, la conciencia de la lascivia y el deseo incontrolado.

El amante de los pies cuando se expresa cae en la jaula del voyeurismo o en la patalogía del fetichismo. Pero por suerte hay gente libérrima que se ríe de los motes inquisitoriales y se desplazan por el mundo regidos por las leyes desestabilizadoras del deseo y la belleza. 

martes, 11 de agosto de 2015

AMPLIACIÓN DE LA SENSUALIDAD Y LA SEXUALIDAD.

¿Qué determina la sensualidad de algo? Indudablemente que se trata de una cosa o una acción vinculada a una excitación de los sentidos y a su traducción mental en términos de deseo, fantasía, satisfacción y plenitud. De esta primera aproximación podemos efectuar diversas inferencias aclaratorias. Por una parte desechamos el equívoco recurrente que disocia a la sensualidad de la sexualidad. Saltar ese yerro profano abre un laberinto de ricas experimentaciones sensoriales que conducen a un concepto ilimitado tanto de lo sensual como de lo sexual.
Si pensamos en el pie y en el zapato, de quienes muchos dicen que son objetos sensuales, podemos efectuar una analítica fenomenológica de lo que ellos suscitan cuando les adjudicamos este carácter de sensual. La forma y el tamaño configuran los impactos cósicos más importantes. Las desproporciones y los defectos, generalmente, debilitan o anulan el efecto sensual del pie. Por cierto que dentro de la forma incluimos el color, el largo de las uñas, la curva del arco, la suavidad o aspereza de la piel. Todas estas cualidades o potencias nos hacen advertir la desmesura hedónica que se obtiene de cruzar los conceptos sexualidad y sensualidad a propósito del pie.
La moral de catecismo clausura estas asociaciones y priva a los humanos de experimentar consigo mismos potenciando los órganos de producción, recepción y concesión de placer. La sexualidad no puede restringirse a los órganos reproductivos ni a las zonas conspicuamente tenidas por erógenas. Mucha piel se abre al placer cuando dislocamos a lo sexual de la procreación y, en ese sentido, creamos un ser recorrido por tensiones eróticas que se extienden desde los pies a la cabellera.

La estupidez de las psicologías normalizadoras califica de perversiones o parafilias a todas aquellas conductas sensuales que equivocan el objeto normal del deseo. Los fetichismos se multiplican porque se entroniza como efector sexual al pene y a la vagina. Centímetros de la piel actúan como espacios restrictivos del goce sexual condenando al cuerpo a un exilio tortuoso del templo morboso de los placeres. 

martes, 19 de mayo de 2015

Cuerpo y palabra.
Las palabras construyen el mundo, trazan las cuadriculas de lo real y hacen posible el intercambio de ideas. Por eso la posesión de la palabra resulta tan relevante. Nombrar las cosas nos adueña de ellas y mientras más límpidamente se pronuncien los nombres, más exclusiva y hegemónica se torna la posición del emisor. La solidaridad verbal, el compromiso intelectual están hechos de esta sustancia discursivo-ontológica y la precisión- elegancia del decir ilustrado opera como un artefacto que aumenta y potencia el prestigio del enunciador. Quienes detentan la lengua de la realidad son, naturalmente, los apacentadores del ser y se les reservan los lugares luminosos para hacer visible a los balbuceantes el esplendor de la verdad del ser.
Sospecho que más allá de la palabra sintácticamente perfecta late la carne con su lenguaje orgánico, con su lenguaje de vísceras. Creo que más acá de la palabra dolor hay algo indecible que recorre el delta neuronal transportando los heridos residuos de la piel. No postulo un dualismo ontológico, postulo una realidad corporal que no se deja atrapar enteramente por la palabra: la ira, el grito, el llanto traducen un acontecer subterráneo en el que no existen jerarquías, prelaciones, supremacías.  
Inversión radical y revolucionaria o más alisamiento definitivo de las pirámides jerárquicas del dolor. Un ligero y leve montaje de una pirámide del dolor para decir simplemente que el cuerpo no se deja apresar absolutamente por la palabra y que las palabras no pueden ser el material con que se levanta el trono de los poderosos. Parificación ontológica que asume al dolor como un punto de partida fenoménico que debe suprimirse inmediatamente mediante dispositivos  de la alegría: esto es mediante la justicia, la solidaridad y la cooperación entre todos los cuerpos, sustrato último de lo antropológico.
 

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