La Perinola

Como en un juego la vida da y quita. Pero la perinola es accionada por fuerzas absolutamente humanas. Pensar la realidad cotidiana es el objeto de estos apresurados apuntes críticos.

domingo, 25 de abril de 2010

Erotismo y pornografía: algunas preguntas profanas.


¿Qué índole de placeres prometen el erotismo y la pornografía? ¿Se trata de un orden de goces estrictamente radicados en la genitalidad? ¿Todo lo involucrado por estas dimensiones expresan la saturación gozosa de lo erógeno? ¿No hay acaso detrás de ellas mucho más que la satisfacción de descargar tensiones que acumulan fluidos genitales? ¿Los goces supra-sexuales de la contemplación estética de los cuerpos desnudos sólo se alcanzan en lo que confusamente llamamos erotismo y no así en la, también, equívoca realidad que llamamos pornografía? ¿Podríamos pensar que los placeres más refinados del erotismo no son sino goces incompletos y timoratos frente a los más radicales y desenfadados que proporciona la baja pornografía? ¿Debe reprimirse la estimulación erógena que la imagen erótica deja en el cuerpo y en los islotes sexuales de la conciencia? ¿Debe condenarse la lascivia del pornógrafo cuando siente la penetración en la restrictiva geografía de su cuerpo aislado?

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jueves, 15 de abril de 2010

Las cotidianas relaciones entre erotismo y pornografía


Es evidente que el deseo humano muta en los complejos meandros del delta neuronal del cerebro dejando parte de su excitabilidad animal para convertirse en una sofisticada y compleja estructura simbólica de poderosos algoritmos lógicos que ya no pueden ser reducidos meramente a instintivas o biológicas pulsiones desprovistas de un plus de significaciones trascendentes.
Pero la metamorfosis que recarga de sutileza y refinamiento al deseo sexual en el ser humano, no tiene nada que ver con el supuesto dualista-espiritualista de que coexisten en nuestra especie dos naturalezas diversas y aún antagónicas: una sublime, alada, espiritual; la otra material, corpórea, sede de los bajos instintos. Que en el rio de la mente el deseo encuentre artificiales canales que lo conducen a polimorfos resultados (siempre mediados por la materialidad racional de la cultura), no significa hacer concesión alguna a la perversa metafísica de la mítica dualidad que representa a un ser inocente expuesto a las tentaciones oscuras y desestabilizadoras de la carne -aberrante y diabólicamente expuestas en el formato de lo pornográfico- que no hacen sino pervertir el innatismo espiritual de las virtudes humanas. No parece difícil advertir detrás de esta caracterización nacida de un ideario puritano, reaccionario y mojigato una tajante distinción entre el erotismo y la pornografía, que es lo mismo que distinguir entre lo sublime y lo bajo, entre la insinuación y la exhibición obscena, entre el buen gusto y el mal gusto, entre lo delicado y lo grosero. Binariedad artificiosa, sospechosa, insidiosa, ideológica, ascética, celestial que apunta a la descalificación de nuestra animalidad controlada, a la negación de nuestra zoología mesurada.

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